De pronto se abren las puertas y entran de a grupos. Es como si en esa estación la gente sociabilizara.
Pero no lo hacen con tranquilidad. A ellos el gesto se les estrella en la cara, se resvala de sus manos formulando torpes estridencias que simulan risas. Ruidos que se pierden entre el sonido metálico.
No es un buen lugar para hablar.
si tan solo se mirasen
no de reojo
30 segundos,
un minuto nada más.
se darían cuenta
que podrían contar
la historia de sus vidas
el quehacer diario
o, si lleva mucha prisa
el sentir del momento
y seguir el rumbo
tan solos como siempre
pero
con algo entre los dientes.
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