miércoles, 18 de febrero de 2015

He visto el gesto preso de las personas cuando viajan solas. Inmóviles. Como si al hacer una sola mueca el tren se detubiera. Apenas respiran, temerosas de no llegar a destino. Los he visto no mirarse, ni para transitar sin chocar. Pareciera que han desarrollado el sentido ciego de la proximidad distante.  

De pronto se abren las puertas y entran de a grupos. Es como si en esa estación la gente sociabilizara. 
Pero no lo hacen con tranquilidad. A ellos el gesto se les estrella en la cara, se resvala de sus manos formulando torpes estridencias que simulan risas. Ruidos que se pierden entre el sonido metálico. 

No es un buen lugar para hablar. 

si tan solo se mirasen
no de reojo 
30 segundos,
un minuto nada más. 

se darían cuenta 
que podrían contar 
la historia de sus vidas 
el quehacer diario
o, si lleva mucha prisa 
el sentir del momento

y seguir el rumbo
tan solos como siempre 

pero 
con algo entre los dientes.

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