el guardia de la biblioteca se sacó su uniforme y con él la sonrisa condescendiente
sábado, 29 de agosto de 2015
jueves, 13 de agosto de 2015
recuerdos del altiplano
don víctor y su símil narco
el pulga y su tumor de coca
don severo pero sensato
el que nos convirtió en flores
el que nos invitó al tercer piso para seguir subiendo
el que dijo que si chile iba a guerra con argentina él peleaba por argentina
el que más tarde dijo que esa gente no vale
el que se nos acercó para saber cómo nos trata perú
el que nos enseñó a hacer un rosa con papel y no paraba de ofrecernos coca.
zafamos, y sin culpa más que el seguirnos, lo negamos en una tienda excesivamente iluminada.
el que a la luz de una luna cusqueña y al calor de un vino en caja cantó lunita tucumana
el que me preguntó por los mapuche con la expresión más triste y cansada que vi.
jueves, 6 de agosto de 2015
Es misteriosa la memoria cuando olvida. ¿Quién la manda? ¿olvida para proteger? ¿olvida para vulnerar? ¿para soprendernos cada vez porque está escasa de novedad? ¿agotada quizás?
El olvido y el esceptisismo van de la mano. Se cree lo que se recuerda: lo que hace sentido cada vez que vuelve a pasar por el corazón.
Entonces, ¿cómo pude olvidar que ella lo mató?
sábado, 13 de junio de 2015
Tumbada de guata en la orilla del lago Titikaka intento no perderme de nada, siendo nada.
Arremango mi pantalón hasta hacerlo corto. Permito que el agua me acaricie los y pies suba por los muslos, en una cadencia predecible y segura.
Me quedo inmóvil. Deseo ser piedra. No lo logro: no puedo disimular mi agitación.
Pasan unos minutos, una hora quizás. Me levanto y sacudo las piedrecillas que se pegaron a mi vientre, a mis piernas. Y pienso que estuve cerca.
Isla del Sol. Febrero, 2013.
Arremango mi pantalón hasta hacerlo corto. Permito que el agua me acaricie los y pies suba por los muslos, en una cadencia predecible y segura.
Me quedo inmóvil. Deseo ser piedra. No lo logro: no puedo disimular mi agitación.
Pasan unos minutos, una hora quizás. Me levanto y sacudo las piedrecillas que se pegaron a mi vientre, a mis piernas. Y pienso que estuve cerca.
Isla del Sol. Febrero, 2013.
jueves, 11 de junio de 2015
meé en el cerro y no tenía papel
entonces
le di un buen uso a la boleta del unimarc
prueba del asalto a mano armada
que sufrí aquella mañana
tiré la evidencia al suelo
la tapé como una perra
culposa, la perra
por afear la tierra sin basura
levanté polvo
desde y para
todos los ángulos
todos los ángulos
hice barro
no conforme
empedré con dos rocas
y me sentí sucia
martes, 7 de abril de 2015
Despierto envuelta en un enorme calcetín de vagabundo. Oigo gemidos y pienso que el vecino adicto al porno vive en otro edificio. Vacilo y me desoriento por unos minutos, pero luego recuerdo que el sexo se practica en todos los edificios. El sonido se hace más fuerte o mi cabeza más despierta. Un robot masculino da indicaciones numéricas a la mujer real que gime.
La mujer es mi hermana. 7 minutos en 7 meses se llama la aplicación: el gimnasio de los pobres de tiempo.
6:30 AM y no puedo dormir. El calcetín devino en calzoncillo. El olor a cocos es insoportable y las mañanas de abril, por lo demás, muy tentadoras.
Me ducho y luego como un pera en un día sin peras. Riego la planta occidental con una botella de litro y la planta oriental con el atomizador. El atomizador falla y aplico la violencia occidental pensando que un poco de excesos no le hace mal a nadie. Me aplico una crema hermosea cabellos, me seco el pelo, me pinto los labios e incluso me pongo rimel en las pestañas, jugando a ser una señora enmascarada a las 7 de la mañana.
Salgo a la calle y me gusta el aire casi sureño. Con muy mal olfato y entrecerrando los ojos se puede engañar al alma un rato. Disfruto cruelmente saber que mi única ocupación por las próximas horas es encontrar un regalo para mi abuela. Recuerdo el comentario de una anciana a otra sobre el irresistible mall para la tercera edad que se forma a las afueras del Hospital del Salvador. Cruzo la vereda y le pregunto a una señora que vende camisas qué precio tienen.
- ¿Va a comprar o va a mirar nomás? - me dice.
-¿Cuál es la diferencia? - le digo.
Murmura a su izquierda y yo a su derecha le pregunto qué dijo, acercándome a su boca como única provocación.
- Que tiene una cara de no tener ni uno - , dispara, visiblemente más maquillada que yo.
- Estoy viendo un regalo para mi abuela- , respondo con una tranquilidad salida de no sé dónde.
Entonces mueve su trasero sin levantar de la silla y me pregunta qué talla tiene mi abuela.
- No sé, L será-, respondo mientras ojeo, con la única certeza de que no compraré ni cagando. Recién ahí se para y me dice que cuestan de 5 a 6 mil pesos .
El olor a polillas es gratis.
- Esta es linda - me indica una intentando rehacer nuestra relación. Respondo con la cara más nada que tengo y le cuento que seguiré mirando.
-Mire nomás, mire nomás.
Me voy con la sospecha de que aún huelo a calzoncillo de vagabundo.
La mujer es mi hermana. 7 minutos en 7 meses se llama la aplicación: el gimnasio de los pobres de tiempo.
6:30 AM y no puedo dormir. El calcetín devino en calzoncillo. El olor a cocos es insoportable y las mañanas de abril, por lo demás, muy tentadoras.
Me ducho y luego como un pera en un día sin peras. Riego la planta occidental con una botella de litro y la planta oriental con el atomizador. El atomizador falla y aplico la violencia occidental pensando que un poco de excesos no le hace mal a nadie. Me aplico una crema hermosea cabellos, me seco el pelo, me pinto los labios e incluso me pongo rimel en las pestañas, jugando a ser una señora enmascarada a las 7 de la mañana.
Salgo a la calle y me gusta el aire casi sureño. Con muy mal olfato y entrecerrando los ojos se puede engañar al alma un rato. Disfruto cruelmente saber que mi única ocupación por las próximas horas es encontrar un regalo para mi abuela. Recuerdo el comentario de una anciana a otra sobre el irresistible mall para la tercera edad que se forma a las afueras del Hospital del Salvador. Cruzo la vereda y le pregunto a una señora que vende camisas qué precio tienen.
- ¿Va a comprar o va a mirar nomás? - me dice.
-¿Cuál es la diferencia? - le digo.
Murmura a su izquierda y yo a su derecha le pregunto qué dijo, acercándome a su boca como única provocación.
- Que tiene una cara de no tener ni uno - , dispara, visiblemente más maquillada que yo.
- Estoy viendo un regalo para mi abuela- , respondo con una tranquilidad salida de no sé dónde.
Entonces mueve su trasero sin levantar de la silla y me pregunta qué talla tiene mi abuela.
- No sé, L será-, respondo mientras ojeo, con la única certeza de que no compraré ni cagando. Recién ahí se para y me dice que cuestan de 5 a 6 mil pesos .
El olor a polillas es gratis.
- Esta es linda - me indica una intentando rehacer nuestra relación. Respondo con la cara más nada que tengo y le cuento que seguiré mirando.
-Mire nomás, mire nomás.
Me voy con la sospecha de que aún huelo a calzoncillo de vagabundo.
martes, 24 de febrero de 2015
Siento una tibieza en la sien
pero estamos terminando enero
un enero infernal
comprenderás
que no es grato el guatero craneal
Es un nudo que se conecta con la garganta
que tira y no afloja
luego baja por el pecho
y finge un suspiro muy malo
Uno trunco
acalorado
no de pasión
sino de rabia
la rabia estéril
la rabia cobarde
que nace rabia
y muere hastío
miércoles, 18 de febrero de 2015
He visto el gesto preso de las personas cuando viajan solas. Inmóviles. Como si al hacer una sola mueca el tren se detubiera. Apenas respiran, temerosas de no llegar a destino. Los he visto no mirarse, ni para transitar sin chocar. Pareciera que han desarrollado el sentido ciego de la proximidad distante.
De pronto se abren las puertas y entran de a grupos. Es como si en esa estación la gente sociabilizara.
Pero no lo hacen con tranquilidad. A ellos el gesto se les estrella en la cara, se resvala de sus manos formulando torpes estridencias que simulan risas. Ruidos que se pierden entre el sonido metálico.
No es un buen lugar para hablar.
si tan solo se mirasen
no de reojo
30 segundos,
un minuto nada más.
se darían cuenta
que podrían contar
la historia de sus vidas
el quehacer diario
o, si lleva mucha prisa
el sentir del momento
y seguir el rumbo
tan solos como siempre
pero
con algo entre los dientes.
miércoles, 21 de enero de 2015
Defensa de la quena
Que alguien mal-dijera que tus cuatro notas quedan cortas
no te oyó cuando entre los cerros te prolongaste infinita.
Que nadie deja de oír cuando tu vuelo se expande
ubicándose en lo ubicuo.
Que nadie diga que poco puedes
ante los ecos de occidente
que nada tienes que envidiarle a los sonidos de la cítara
que nada tienes que envidiarle a la cornamusa.
Musa del viento eres
Cuerno endiablado si te chillan entre paredes.
Quena, que nadie se atreva a consolarte.
Florencia es una gata que se sabe hermosa. Pasa todo el día en el departamento de mi hermana. Mira por horas una polilla que revolotea sobre nosotras. Fijamente la mira e intenta estirarse para alcanzarla, pero no lo logra. Tampoco se desanima. Sigue observando. Alcanzando su mirada a los espacios desatendidos, como si esperara que de pronto el lugar se llenara de insectos voladores.
Rechazo a Aristóteles cuando sentencia que los animales son incapaces de tener experiencias estéticas, de disfrutar lo bello o sobrecogerse con el horror. Yo los he visto en actitud contemplativa. Pasan horas y ellos, inmutables, miran el día pasar. Espectadores de nosotros, los bufones que corren de un lugar a otro sin querer llegar a ningún lado, mientras ellos se relamen y cambian de posición sus cuerpos.
No, ya no creo que reflexionen. Sí que alguna vez lo hicieran, hasta que decidieron diferenciarse lo que más pudieran a nosotros, dejando la especulación para los histéricos.
Estaba regando cuando escupí con sangre sobre la tumba de mi gato. Yo no quería escupir con sangre sobre la tumba de mi gato. En verdad nunca fue mi gato, ni de nadie. Escupí con sangre sobre la tumba del gato que vivió conmigo. En verdad nunca vivió conmigo. Sólo se paseaba cerca mío, o yo me cruzaba en su camino.
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