Tumbada de guata en la orilla del lago Titikaka intento no perderme de nada, siendo nada.
Arremango mi pantalón hasta hacerlo corto. Permito que el agua me acaricie los y pies suba por los muslos, en una cadencia predecible y segura.
Me quedo inmóvil. Deseo ser piedra. No lo logro: no puedo disimular mi agitación.
Pasan unos minutos, una hora quizás. Me levanto y sacudo las piedrecillas que se pegaron a mi vientre, a mis piernas. Y pienso que estuve cerca.
Isla del Sol. Febrero, 2013.
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